Editorial Revista Hágase-Estar nº 236junio de 2009
Bautizados: una vocación de audacia
Con motivo del 90 aniversario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, el 21 de junio se renovará aquel acto de consagración en el Cerro de los Ángeles. El I Encuentro Laicos en Marcha, que tuvo lugar en Getafe del 1 al 3 de mayo pasados, ha estado especialmente vinculado al Corazón de Cristo y culminó precisamente con la Eucaristía en la Basílica del Cerro.
En su mensaje, Benedicto XVI alentaba a los participantes a permanecer en la aspiración y la vocación a la santidad, y a testimoniarlas en el mundo, infundiendo el espíritu del Evangelio en las realidades en las que transcurre nuestra vida.
Y en su homilía, el obispo de Getafe, D. Joaquín Mª López de Andujar, resumió el envío a los participantes como un impulso que nace del Corazón de Jesús: "Dios es amor. Evangelizar es mostrar y extender el amor de Dios, conducir a los hombres a ese amor que se ha encarnado en Cristo. El corazón de Cristo es la fuente del amor que nos puede salvar. Y sólo si nos acercamos a ese amor aprenderemos a ser evangelizadores."
No es la vocación del laico, del bautizado de a pie, una vocación aguada o de tercera división. Es una vocación a la plenitud del amor. Esa vocación y la gracia que significa son el punto de apoyo con el que la Iglesia cuenta para mover este mundo. La fuerza viene de Dios, pero hay una cuña en el corazón de esa dramaticidad que caracteriza a nuestro mundo, cada vez más alejado de Dios en apariencia, pero también más necesitado que nunca de El. Esa cuña somos tú y yo, bautizados enviados por Dios a este mundo para gritarle con nuestra vida y con nuestra alegría que es infinitamente amado.
Nada ni nadie nos separará de esta vocación: hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Y por eso seguimos y seguiremos fieles a la llamada.
Porque nada ni nadie, de dentro o de fuera, nos separará del amor de Dios ni del amor a nuestra Madre la Iglesia. El fuego de ese amor ha de abrasar nuestro corazón si hemos de iluminar el mundo como antorchas. Ese fuego nos invita permanentemente a la conversión a Dios, al seguimiento ilusionado, fascinado por la mirada de Cristo.
No es ni nuestra voluntad, ni el presumir de exigentes y de buenos, lo que salva al mundo y lo transforma. Ni es eso lo que se nos pide. Mons. Rafael Zornoza, obispo auxiliar de Getafe, recordaba en su homilía del sábado 2 que "se habla mucho de la secularización del mundo que nos rodea, pero también es preciso advertir que la increencia nos afecta también a nosotros. Una creencia deficiente, una falta de confianza en la presencia operante de Cristo en nuestra vida, en su misericordia omnipotente, nos impedirá iluminar el mundo." Enemigos de dentro y de fuera nos acosan... Todo será para el bien de los que han creído en el amor de Dios. Y nada nos separará de ese amor, que sigue actuando en nosotros. Nuestra fecundidad como bautizados, pertenecientes a Cristo en medio de este mundo y de esta hostilidad, depende de nuestra unión con el Señor. Si no, no habrá fruto.
El legado y la espiritualidad recibida del siervo de Dios P. Tomás Morales nos dicen que los laicos somos Iglesia, y que la Iglesia tiene una vocación de audacia para inundar el mundo del amor de Cristo.
Trasladamos el gozo de esta vocación a nuestros lectores, a los que damos cuenta de estos días inolvidables vividos en familia junto a ese Corazón que tanto ama a cada hombre.
