I Encuentro Laicos en Marcha
Brillad
como antorchas
en medio del mundo (Flp 2,15)
Femando Martín Herráez
Este es el lema del Encuentro "Laicos en marcha", que nos congregará al inicio del próximo mes de mayo en Getafe. Tres epígrafes dedica el P. Morales en Hora de los laicos, libro de cabecera que me gustaría regalar a todos los que nos acompañen en el Encuentro y que nos debería acompañar en este camino de preparación, para explicar la metáfora del cristiano-luz: "Luz del mundo", "Brillando en la noche" y "Luminarias en la noche". Todas tienen como fondo la expresión paulina "brillad como antorchas en medio del mundo". Esa es la tarea del cristiano en todos los tiempos: irradiar la luz de Cristo para iluminar el mundo.
Ya lo dijo Juan Pablo II cuando se dirigió a los laicos en su primer viaje pastoral: España: “Es difícil encontrar una metáfora evangélica más adecúada y bella para expresar la dignidad del discípulo de Cristo y su consecuente responsabilidad” (Homilía a los laicos en Toledo, 4-11-82)
Dignidad y responsabilidad. Dignidad porque se nos ha confiado la importante tarea de ser colaboradores de Cristo en la difusión de su Evangelio. No lo olvidemos nunca: El Señor ha confiado en nosotros, se ha puesto en nuestras manos. Dignidad al crearnos, dignidad al hacernos partícipes de un diálogo de amor y salvación, dignidad al hacernos sus colaboradores en medio de los hombres.
Y una tremenda responsabilidad. Llevamos un tesoro en nuestras pobres vasijas de barro. Por eso el apóstol Pablo habla del "temor y temblor" que sobrecoge al discípulo de Cristo. Esta responsabilidad nos lleva a no esconder la luz que se nos ha dado, a brillar, a ser antorchas que irradian la luz de Cristo. Tenemos que iluminar" el mundo con la luz de Cristo, tenemos que ser fuego que irradia luz y calor para que el mundo no se muera de frío.
Antorcha que brilla en la noche es la vida del laico comprometido. Esa es la maravilla de nuestra vocación cristiana.
Pero no podemos olvidar que existe la tentación de no vivir así. Corremos el peligro de esconder esa luz. Hay muchos modos de esconderla. Escondemos la luz cuando aceptamos el discurso "políticamente correcto" de que la fe, la religión y la moral son algo privado que no debe tener presencia pública. Escondemos la luz cuando nos avergonzamos de presentarnos como cristianos y de actuar como tales en la calle, en la escuela, en la universidad, en la oficina. Escondemos la luz cuando reducimos nuestro actuar como cristianos al cumplimiento de la asistencia a la Misa dominical. Escondemos la luz cuando nos limitamos a manifestarnos y actuar como cristianos en el ámbito de las actividades parroquiales. Escondemos la luz... Tremenda responsabilidad.
Pero el Señor, que es la Luz, ha querido contar con nosotros. Sabía de nuestra debilidad, y sin embargo no ha dudado en confiarnos esta tarea. Que cada uno de nosotros se ponga delante del Señor y vea qué es lo que puede hacer. Os lo digo con estas palabras finales del P. Morales:
"Ama, pues, esta Luz [que es Cristo]. Desea vivirla. Agárrala, no la sueltes. Si sientes sed de ella, te conducirá. Llegarás por fin a poseerla. Déjate iluminar" por ella para que siempre brille ante los demás, vean tus buenas obras y den gloria al Padre que está en los cielos (Mt 5,16). Si puedes ser una estrella en el cielo, ¡sé una estrella en el cielo! Si no puedes ser una estrella en el cielo, ¡sé una hoguera en la montaña! Si no puedes ser hoguera en la montaña, ¡sé una lámpara que a todos ilumine!"
